02 noviembre 2008

LA OTRA HISTORIA DEL CALCIO

Los italianos creen que inventaron el fútbol, al que llaman calcio, que significa patada. Una patada es precisamente lo que le ha pegado estos días George W. Bush a nuestro país, después de anunciar que no invitará a España a la reunión del G-20 (los países más desarrollados del mundo). El encuentro tendrá lugar el 15 de noviembre en Washington y el objetivo será refundar el capitalismo, el modelo económico más eficaz de los creados por el hombre, visto lo visto. Pero para entonces Bush ya no será el presidente de EEUU, el hombre más poderoso del mundo. Muchos se quejan que el verdadero dueño del planeta (que será elegido este martes) no vaya a asistir, y acusan a Bush de montar un circo más antes de su despedida definitiva. Hasta que llegue ese día, otros líderes mundiales azuzarán para que Zapatero esté presente en esa reunión. Sería un insulto a la inteligencia que España no estuviera en Washington. Un insulto a nuestra civilización, historia y cultura. Un insulto al capitalismo, base de la grandeza del país de las franjas y las estrellas. Y un insulto también a los miles de millones de trabajadores de todo el mundo que no llegan a fin de mes por culpa de este feroz capitalismo que sufren sin que ellos lo hayan creado o alimentado. Así lo han manifestado ya países como México, El Salvador, Argentina o Brasil, mientras sus líderes se veían las caras con ZP en la XVIII Cumbre Iberoamericana. España debe estar sí o sí. Es un punto de no retorno. Pero el verdadero punto central, como no podía ser de otra manera, ha sido la crisis financiera. Una crisis que ha llevado a nuestro vecino Portugal a nacionalizar su banco de referencia: el BPN. Otros de los que intenta nacionalizar algo, y están como locos por hacerlo, es McCain. Ahora que las encuesta le arrojan a las catacumbas se ha empeñado en presentar a Obama como socialista, negro y terrorista. El veterano de guerra, demasiado veterano para ser presidente, diría yo, asegura que el senador de Illinois retirará la estatua de La Libertad, símbolo que abraza a todo aquel que llega a Nueva York en busca de su particular sueño americano. El mismo del que no despierta Obama, que es un ciclón que avanza con paso firme, y salvo mayúscula sorpresa, hacia la Casa Blanca. Su rostro denota humildad, cambio, ilusión. Cuando miro al rostro de Maria Stella Gelmini, implacable ministra de Educación (o lo que queda de ella en Italia) de Berlusconi, me doy cuenta que hay mujeres que a pesar de su rostro dulce y amable esconden una frialdad terrorífica. Lo vi en tus ojos, una tarde gris del mes de mayo, cerca de Celimontana, a dos pasos del Coliseo, por donde el pasado sábado desfilaron más de un millón y medio de personas para quejarse de la política económica, educativa y de inmigración del gobierno. Gelmini ha llevado a las cámaras italianas el llamado decreto 137 (que tiene sus cosas malas y sus cosas buenas, según me dices tan alejada de la realidad como de mí). La ministra, imperturbable ante la bronca que ha acompañado sus decisiones, sigue convencida de que su reforma mejorará la educación pública a pesar de los recortes en la financiación (7.800 millones de euros menos durante el próximo trienio); la supresión de más de 130.000 empleos entre docentes y administrativos; la reducción de horas semanales de lección, etcétera, etcétera... El país, desde Milán a Catania, es un clamor. Los estudiantes se llegaron a apilar en las puertas del Palacio Madama para protestar contra Gelmini y exigir un referéndum para derogar la ley. A falta de iniciativa gubernamental, la consulta será promovida por el Partido Demócrata ciudad por ciudad, según ha anunciado Walter Veltroni. La izquierda, después de muchos años dormitando en la caverna del terror y la desavenencia política, se ha redescubierto a sí misma. Cree en sus posibilidades. Y el pueblo vuelve a estar con ella. Pero de eso, de la izquierda italiana y de sus laberintos, hablaremos otro día. Lo prometo. Ahora suenan en la distancia los tambores del cambio. Traen un ritmo de danza africana, aire keniano. Es la oportunidad de recobrar la ilusión perdida. De darle una patada a todo y romper con el pasado. Contigo. Con una ciudad eterna plagada de onanismos. Una patada a la vida. Una patada al decreto de Gelmini. Una patada a Berlusconi, capaz de rebajar casi en 8.000 millones el presupuesto en Educación para recortar gastos y aprobar, al mismo tiempo, una ley llamada salvafútbol. Fue en 2003, cuando se permitió a los clubes devaluar el patrimonio en el balance para percibir compensaciones fiscales por esa pérdida contable y amortizarla en diez años. Pero claro, entonces esa patada monumental a las arcas públicas beneficiaba a Il Cavaliere para curtirse de votos (el fútbol italiano es el semillero de la derecha italiana y de los apolíticos). Entonces, esos 8.000 millones de euros eran menos millones y su AC Milán estaba de por medio. Es la otra historia del calcio, aquella que no cuenta el libro de Enric González, antiguo corresponsal del diario El País en Roma. Su libro es su historia. Igual que yo tengo mi propia historia de Roma. Y a veces es difícil darle una patada a tu propia historia.

16 octubre 2008

CUADERNO AZUL

A veces el silencio se deja agitar por la brisa del mar, trayendo y llevando a su paso las palabras sordas que resuenan en nuestras mentes perdidas. Por eso me gusta sentarme en la orilla del mar a media tarde viendo como las gaviotas vuelan por encima de mi cabeza mientras en ella se despedazan sueños, miedos y esperanzas. Pero aquel verano iba a ser diferente. Cambiamos la playa por el pueblo de mis abuelos maternos, para mí, el fin del mundo. Un lugar fúnebre al que llegamos después de cientos de horas al volante y millones de discusiones con papá. No había remedio y este verano estaba destinado a ser el peor verano de mi vida. Todo eso cambió con los encuentros en el único bar del pueblo, que era bar, biblioteca, recreativos y sala de reuniones. Allí, a las horas en que el sol más apretaba, nos reuniamos Cholo, el bola, la Mari, Inesita, Fer y yo. Inventábamos historias y juegos, propio del aburrimiento, y certificamos una alianza de sangre: la de nuestra amistad vitalicia. Aquel verano llegó al pueblo el cine de verano, que no era otra cosa que la reproducción de una película en la plaza del pueblo, en lugar de hacerse en el teatro municipal. Numerosos largometrajes comenzaron a formar parte de nuestras vidas y empezamos a adorar el séptimo arte por encima de todas las cosas. El cine era nuestro motivo de existencia. Y así fue como decidimos hacer cine. El bar de Asún, el único de la ciudad, fue nuestro centro de reuniones. El primer guión lo escribimos en un cuaderno azul que aún poseo. La historia que contábamos era la historia de nuestras vidas, ahogadas por entonces en el engambre político de la época. Éramos jóvenes e inocentes. De ese cuaderno azul evoco ahora las historias de mis nuevos guiones. He perdido la inocencia y me he dado cuenta que todo lo que está a mi alrededor se encuentra sucio, corrupto y lleno de intereses propios. Todo lo que me rodea encarna aquel viejo pensamiento de Hölderlin cuando afirmaba que soñamos como los dioses pero pensamos como los mendigos. Así lo ha descubierto Roberto Saviano, un escritor italiano dispuesto a abandonar su país por las presiones y amenazas de muerte recibidas por parte de la Camorra. No quiere más que pasear, tomar el sol, caminar bajo la lluvia y quedar con su madre sin miedo. El clan de los Casalesi quiere acabar con la vida del autor de Gomorra, un libro donde Saviano desvela el entramado de los Casalesi, la familia que domina Nápoles. Pero la mafia está más cerca de lo que nosotros mismos creemos. Tan cerca que nos toca con las yemas de sus dedos como el agua salada baña la orilla de la playa de mi infancia. Una playa a la que de momento no volveré porque de nuevo, un buque ha vertido su fuel en el mar. Ha sido en la Bahía de Algeciras. Una vez más. Pero "las playas andaluzas están limpias". Lo dice Manolo Chaves desde Paraguay, donde se ha ido a vender turismo y restar alarmismo. Pero lo cierto es que cien metros de litoral están manchados con restos de fuel del buque Fedra. ZP también siguió el pensamiento de Hölderlin. Soñó como un Dios y se encaramó a la ley como un koala a su eucalipto: seremos un Estado laico, dijo. Y ahora actúa como un mendigo entregando a la Iglesia 156 millones de euros para salarios de Obispos y sacerdotes diocesanos. Tiempos de crisis, pero no para la fe que, no sólo mantiene su parte del pastel, sino que la aumenta. Habría que mirar que escriben los Obispos en su cuaderno azul. Seguro que algo dirían de las 19 fosas de la guerra civil que pretende exhumar Garzón y a lo que la Fiscalía se opone. Y mientras Botín no considera necesaria la entrada del Gobierno en los bancos españoles (no debemos ir tan mal como la derecha vende y desea), el Primer Ministro británico, Gordon Brown, ha mostrado su deseo de que España acuda a la próxima cumbre internacional que debe discutir una posible reforma global de los mercados financieros y a la que acudirán los miembros del G-8. Cada uno pinta su cuaderno azul como le conviene. Más Hölderlin. Más sueños de Dioses y pensamientos de mendigos. Lo que somos. Vamos por ahí mendigando un poco más de todo. Y lo que verdaderamente necesitamos es lo que menos demandamos. El cuaderno azul también nos hablará de desengaños.

07 octubre 2008

EL AMIGO DE LOS TERRORISTAS

Con la Bolsa de nuevo en caída libre, pese al plan de rescate aprobado la pasada semana por el Congreso, y el acecho de una profunda recesión, resulta muy difícil para John McCain darle a esta campaña electoral un giro hacia territorios que le puedan resultar más favorables que el de la economía. McCain no es capaz de ilusionar al electorado estadounidense, que vive sus peores días desde la Gran Depresión de 1929. El republicano no convence en economía, en gestión pública, en educación, en sanidad... y mucho menos en política exterior. Por ello, su candidatura intenta recurrir masivamente al voto del miedo frente a un candidato negro, de extraño apellido y de exótica biografía para el gusto del estadounidense medio. En ariete de esa estrategia se ha convertido la aspirante republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin. Sin ningún argumento, la número dos de McCain acusa a Obama de ser amigo de terroristas. Y todo, cuando su compañero Bush ha desoído resoluciones de la ONU y ha puesto en tela de juicio el equilibrio político del concierto internacional. Ahora, a nivel geopolítico, nadie sabe qué papel juega ni, lo que es más grave, qué y quién es. Bush ha recuperado el mundo de los bloques (el del Mal y el del Bien), la demagogía y, lo más preocupante, ha llevado a la ruina (política, económica, militar y social) a un país, EEUU, sin adversario en el concierto internacional. Hoy se pone en tela de juicio el liderazgo estadounidense frente a otras potencias como Rusia, China o India. También ha sido Bush, gendarme del planeta, el que con su particular forma de hacer política, ha provocado que en países otrora democráticos, se instalen ahora gobiernos de corte dictatorial. Afganistán primero (luego abandonado a su suerte) e Iraq después han centrado los esfuerzos del peor presidente de EE UU de todos los tiempos. Y McCain forma parte de ese pesimismo: es el legado natural de Bush. Frente a éste se alza la figura de Barack Obama, joven, dinámico y dialogante. No tiene la experiencia de McCain, ni ha sido prisionero de guerra, pero anoche, en el segundo debate entre los dos aspirantes a la Casa Blanca se pudo comprobar una vez más, porque las encuestas dan a Obama como virtual ganador. La juventud y el dinamismo de uno y la rigidez y la edad del otro es el principal contraste del desafío dialéctico entre las dos personalidades. En el caso del senador por Arizona, este contraste se ve acentuado por su insistencia de acudir al pasado y a su experiencia. El remasterizado McCain levanta muchas simpatías y suscita respeto entre los estadounidenses, pero no proporciona la seguridad y la autoridad que se requiere para conducir a EEUU en una situación difícil. Por ello, las palabras de Palin señalando la amistad entre el terrorista Ayers y Obama no tienen ningún sentido. El aspirante demócrata a la Casa Blaca es un ciudadano modelo en EEUU. El senador por Illinois ni siquiera sabía que William Ayers, un líder radical de los 60, fundador de un grupo que promovió atentados en EE UU, trabajaba en su mismo edificio de Chicago. Lo que sí sabe, como el pueblo americano, es que McCain es la sombra de una historia pasada, unos ojos tristes, un atardecer solitario. Por su parte, Obama simboliza a esa preciosa niña morena de ojos verdes y traje verde que se incrusta en tu retina cualquier 15 de agosto en cualquier feria de verano. Como ella, Obama te enamora a primera vista y a la segunda te reafirma. Como aquella niña morena de excelsa sonrisa que un día descubres ataviada con un vestido verde esperanza y otro día con uno color rojo pasión. Pero que, siempre es la misma niña dulce. El discurso de Obama me recuerda al contoneo de esa joven muchacha. Levantando pasiones. Puede ser que Obama nunca habite la Casa Blanca, que su vitalidad se esfume como aquella muchacha en la tarde de un viernes desapareciendo en un coche ajeno delante de nuestras narices. Que nunca dicte leyes, como nosotros nunca compartamos las butacas de aquel pase de cine prometido. Pero habrá cambiado la historia de EEUU como tú has cambiado mi vida para siempre. Y, quién sabe, quizás dentro de mucho tiempo la política de este país se reinvente y aparezca en el panorama alguien como el senador Barack Obama. Como aquella noche muchos años después en otra feria de verano nos reinventamos tú y yo resucitando viejos fantasmas y eternas promesas. Sí, la poesía que te susurré estaba hecha para ti. Sí, y pensada para noches como ésas. Noches de verano donde se reinventa hasta nuestra propia existencia.

24 septiembre 2008

ETERNIDADES

De pequeño tenía un amigo que vivía en la calle Defensa, justo enfrente del parque. Un espacio que nos cargaba con una energía especial. Nunca nos cansábamos de subir y bajar en bicicleta por las cuestas de las barrancas, de rodear el anfiteatro, de asomarnos a la verja del Museo Histórico Nacional, de disfrutar a la sombra de los árboles… Aunque a mí nada me cautivaba más que asomarme a la barandilla de troncos del mirador hacia el lejano río. Trataba de imaginar cómo habría sido aquel lugar cuando las aguas aún besaban la tierra allí donde ahora los coches atraviesan el Paseo Colón, de visualizar las primeras casas, los alrededores vacíos... Sólo pampa y soledad. Siempre me costó mucho ver llegar la modernidad a la ciudad, tal vez porque igual que a Borges, a mí también “se me hace cuento" el nacimiento de Buenos Aires. La juzgo tan eterna como el agua y el aire. El paso del tiempo ejecuta la transición de los elementos, de los espacios, de la materia. Buenos Aires hoy ya no es el Buenos Aires en que Georgia paseaba bajo las farolas soñando escenarios y repartos imposibles. Ahora, la ciudad poco se parece a aquella urbe que había dejado atrás antes de iniciar su breve, pero intensa, aventura italiana. Aquella ciudad pasional que enamora a todo el que la visita. La Recoleta, el barrio de La Boca, Palermo, Belgrano, Avenida 9 de Julio, Corrientes... La ciudad más hermosa del mundo: Buenos Aires. Argentina, un país a la deriva económica, política y social en diciembre de 2001 venció miedos y miserias. Ya no es el país al que, en los años 70, muchos auguraban un futuro espléndido. Los políticos corruptos, las privatizaciones de los años 90, el mal reparto de la riqueza (y de las oportunidades) y la explotación extranjera sumieron al país en un caos del que poco a poco va saliendo, aletargado por su alta inflación y la alta deuda que hasta hace pocas fechas soportaba. Ya no hay corralito ni crisis financiera, ni peligro por una confrontación civil. Pero quedan las marcas de un país herido. Aquel que me dicta las diferencias entre los iguales. Hoy, en la bella, pasional y gran urbe que es Buenos Aires, la justicia social ha desaparecido. Antes, gentes de todo el mundo venían buscando una oportunidad. Incluidos españoles e italianos, que llegaban en masa. Ahora, somos nosotros los que abandonamos este barco a la deriva. Nos descubren una luz al final del túnel, pero ya somos muchos los que hace tiempo dejamos de fiarnos. En ocasiones, a 30000 kilómetros de casa (Georgia dixit) pienso en mi infancia, en aquel amigo que se quedó padeciendo miserias en la ciudad, en aquellos paseos en bicicleta y en los deseos de encontrar todo igual cuando fuésemos viejos. Despierto del sueño y contemplo que la realidad siempre es distinta. Los últimos casos de corrupción, la revuelta campesina y la turbia victoria de Cristina Fernández Kirchner (caso del maletín incluido) nos ha devuelto a las sombras. Y no hay soluciones a la vista. En 2010 llegará un nuevo mundial de fútbol, ganará Argentina y, entonces, el pueblo al menos tendrá una razón para no capitular de sus vidas. Pero todo quedará eternamente como estaba.
a Luciana Carlopio, argentina

19 septiembre 2008

EL FLANCO IZQUIERDO

Acababa de llegar. Apenas llevaba una semana despertándome frente al mar en una ciudad tan íntima como desconocida. Los pasillos de la casa se me hacían eternos, por eso siempre trataba de buscar alguna tarea que me mantuviese ocupado. Me sentía como una especie de Mimi Siku, el chico que cambiaba la selva por la modernidad de la gran ciudad en aquel magnífico largometraje titulado “Un indio en París”. Era inevitable hacer comparaciones con otras experiencias vitales. Cuando llegué a Roma, la ciudad dormía lentamente, despedazándose en la pereza de la noche. En la lejanía sonaban las sirenas. Los últimos autobuses, llenos e iluminados, recorrían la ciudad por un asfalto húmedo, mientras en el interior del vehículo un hombre se afanaba por colocar una pila de periódicos. Miré entonces hacia ellos y clavé mi mirada en la fecha. Y me di cuenta de que en el trayecto de aquel viejo autobús había desarrollado mis dos primeras semanas de vida en Roma. Entiendo que tengas miedo a los pájaros, que vuelan de un lugar a otro huyendo de sí mismos. Mis alas son este blog, mi equipaje, ligero. La vida es efímera y yo aún trato de encontrarte. Creí hacerlo entre las ruinas de una ciudad tan eterna como tu nombre. Pero mi segundo intento se despeñó por donde caen los silencios del olvido. La nueva ciudad ya no me parecía tan frenética. Era mi hogar. Y aunque durante largo tiempo fui escéptico a ser profeta en mi tierra, quise tener la oportunidad de sacudir mis veleidades al vaivén de las olas. Aprobé el cambio después de comprobar que la tranquilidad se había apoderado de mis fantasmas. Pero a veces tenía la sensación de haber dejado en el camino muchos sueños, muchas oportunidades y muchos euros. Nada importa ahora que Alitalia está al borde de la quiebra y todos los recuerdos un poco más lejanos. Tuve la intención de dar un paso hacia atrás, de volver al lugar donde había rozado el éxito con las yemas de los dedos. Porque ni mi hogar pareció pertenecerme. Pero entonces enfilé aquella calle de sentido único en el corazón de la nueva ciudad, llegué a una puerta enorme de madera recién restaurada y enfilé el flanco izquierdo de aquella exuberante escalera de mármol blanco (unos versos de Montale discurrieron por todo mi cuerpo como si estuviera vacío). Abrió la puerta una señorita muy amable y de corte oriental. Al fondo de la lujosa sala, una mirada ausente, perdida entre libros de legislación y una pantalla de ordenador. Me habían encomendado una misión de alto riesgo. Y allí estaba yo, dispuesto a entregarte aquella carta. Con ella se iría una parte de mí. Y desde entonces te recuerdo, y recuerdo, como enfilé aquellos peldaños por la izquierda, acertando a completar el galimatías del pensamiento moderno. Me preguntaba por la ausencia de ideas en el campo de la izquierda desde la caída de la URSS. Según Sunder Katwala, ideas hay, lo que no hay en muchas ocasiones es capacidad para comunicarlas. Obviamente, los medios de comunicación de masas son negocios costosísimos y es raro ver empresarios de izquierdas. Además, según apuntó Lakoff en su libro “No pienses en un elefante”, hay una gran incapacidad para presentar las ideas progresistas de un modo desacomplejado, sencillo, directo y atractivo. Ya ves como bastante de los elementos novedosos y atractivos de la nueva derecha europea están copiados de la izquierda. Así es como los listos del PP se están apropiando de un espacio que no les corresponde. La estrategia de Gallardón en TVE fue un claro ejemplo de ello, ahora que Miss Aguirre anda más preocupada de encauzar los caudales de “sus” ríos hasta bolsillos amigos. Por eso no digas que no te necesito para mi batalla de ideas e ilusiones. Por eso no digas que no te necesito para descubrir esta ciudad llena de interrogantes. Sus esquinas han vuelto a pertenecerme desde que tus ojos vinieron a recibirme. No digas que no. O me lanzaré a la calle en busca de fervor.