05 noviembre 2008

EL LARGO CAMINO HASTA EL SUEÑO AMERICANO

El camino de Barack Obama a la Casa Blanca no comienza en enero, con los primeros caucus del Partido Demócrata. Tampoco comienza en 2004, en el discurso de apertura de la Convención Demócrata encargado al joven senador por Illinois. Su aventura no se origina tras ganar las elecciones al Senado ese mismo año. No lo hace cuando en 1996 es elegido legislador de Illinois. Ni mucho menos en los barrios marginales de Chicago, luchando contra la pobreza, la desesperanza y la violencia. El camino de Obama al Despacho Oval no comienza con su ingreso en Harvad para estudiar derecho a finales de los años 80. Ni con su primer viaje a Kenia, origen familiar, en los 70. Ni tampoco cuando la localidad hawaiana de Honolulú lo vio nacer el 4 de agosto de 1961. La llegada de Obama al poder comenzó a fraguarse antes, mucho antes. Obama es deudor, en primer lugar, de Martin Luther King, probablemente la voz con mayor autoridad en materia de derechos humanos en la historia contemporánea de EEUU. Su participación en el movimiento de los derechos civiles culminó con las leyes de antidiscriminación racial de 1964 aprobadas durante la legislatura de Lyndon Johnson tras la muerte en atentado de su promotor, John F. Kennedy. Obama es heredero también de Shirley Chisholm, la congresista (de color) por Nueva York que en 1972 se presentó a unas primarias del Partido Demócrata negándose a aceptar el statu quo. Antes, en 1957, un grupo de nueve estudiantes de Little Roch (Arkansas) fueron atacados por su supuesto ultraje (para los blancos) de estudiar en la prestigiosa escuela Little Rock Central High School. Su negativa a plegarse a las demandas racistas espoleó la legislación contra la segregación en las escuelas públicas. Obama le debe un peaje también a Rosa Parks, una mujer de Alabama que renunció a dejar su sitio en el autobús a un blanco, aún a costa de ser detenida y condenada por ello. Su desafío dio pie a un boicot masivo que desembocó en una orden federal que prohibía la ordenanza local segregacionista. Era 1956 y mis padres aún, ni habían nacido. Obama le debe el respaldo de la comunidad afroamericana a gente como Robert Moses, activista de los derechos civiles en el sur de EEUU que combatió las prácticas abusivas con las que los blancos conseguían evitar la participación de los negros en las elecciones hasta la aprobación de la Ley de Derecho al voto de 1965. El escaño que ocupa Obama en el Senado, en representación por Illinois, se nutre del ejemplo de políticos como Edward W. Brooke, primer senador negro elegido democráticamente (en 1966). La lucha por el pleno reconocimiento de los derechos civiles tuvo también un momento de gran fuerza simbólica cuando los atletas John Carlos y Tommie Smith se enfundaron un guante negro y levantaron el puño al subir al podio durante los JJOO de 1968. Más recientemente, y aún en tiempos no exentos de tensiones raciales, Colin Powell y Condoleezza Rice abrieron puertas como secretarios de Estado (equivalente al ministro de Exteriores español) de George W. Bush. Gente como Malcolm X, Jesse Jackson, Cassius Clay, Sidney Poitier, Ophra Winfrey o el mismísimo mito de la NBA Magic Johnson, que lloró de emoción al saber que Obama ocuparía la Casa Blanca, también abrieron el camino para que el sueño americano sea más posible que nunca. La NBA, por cierto, ha sido uno de los sectores que más ha apoyado al candidato demócrata. Quizá por las dificultades que siempre han encontrado los negros a la hora de llegar a todos sitios, incluso a la citada NBA, ahora copada de jugadores de esta raza, tan comprometidos con la sociedad como el recién electo presidente. Lo demuestran sus zapatillas rotuladas con el nombre de Obama durante las horas previas y posteriores a la elección. Ha sido un largo camino. Barack Obama, el 44º presidente de los EEUU de América, es sólo la punta del iceberg. Nada tiene que ver el nuevo dueño del planeta con un personaje del genial Borges. Los personajes borgesianos no van en busca de la aventura, no se pierden en bosques encantados ni suben al hipogrifo, porque el mundo lunar, el aleph, está en ellos, entre ellos: es un desconocido que golpea a la puerta de casa, un extraño que se sienta en tu propio banco, una mujer que posees sólo en sueños o el ulular de un lobo que no existe. Obama nunca sería un personaje de Borges. Porque el senador por Illinois arriesgó desde el primer momento para hacer su sueño realidad. No era el candidato perfecto, ni tan siquiera el que ordenaba los cánones. Pero venció en una larga y dura campaña, las de las primarias demócratas, y se sobrepuso a todas las dificultades. Tanto que ha sido el candidato que más dinero ha recaudado en unas elecciones en la historia de EEUU. Tanto que la favorita, Hillary Clinton, tuvo que arrojar la toalla ante el torbellino que supuso el aspirante afroamericano. Obama es el presidente estadounidense que mayor número de votos ha conseguido. Se le esperaba como se espera a una novia en las primeras citas. Chicago ardió la noche del 4 de noviembre. No era París meses atrás. Ni Barcelona. Ni Roma, donde las minorías, incomprendidas y discriminadas por la superioridad del local, comenzaron a quemar coches y contenedores, a realizar pintadas y actos vandálicos. Pero no. Chicago ardió metafóricamente. Más de 80.000 personas se entregaron a la locura de Obama. Hasta el reverendo Wright lloró. Y no quemaron coches, ni destrozaron nada. ¿Por qué? Porque las minorías de EEUU se sienten satisfechas, dentro del sistema. Ilusionadas. Y esa es la cuestión principal a la que aspira un ser humano: la ilusión. La misma que tú llevas arrancándome 11 largos meses como si fueran alas. Y este pájaro se ha cansado de no poder otear desde el cielo. Llegan nuevos vientos y yo quiero volver a volar. Obama hereda muchos frentes abiertos del desastre Bush: Iraq; Al Qaeda y Afganistán; Oriente Próximo; Guantánamo; la crisis financiera; el resurgir de Rusia; el desarrollo de China; las deterioradas relaciones con los aliados; el cambio climático; las aspiraciones nucleares de Irán... Como dice Obama, el camino aún no está hecho. No se acaba al ganar las elecciones. Empieza ahora. EEUU nunca dejará de sorprendernos. Si renaciera Borges, tendría que reinventarse. Obama estaría en sus libros. Sé que volverás algún día y recorreremos juntos el largo camino a la felicidad. Con otros alas. Con otras metas. Tú y yo juntos. Como Obama y el tiempo de cambio que ha llegado de su mano. Inseparables. Séra vencer. O la Némesis.

04 noviembre 2008

YES, WE CAN

Lo siento, no hay tortitas, ¿unos crêpes?, sugiere el camarero. No, gracias. Tarda en decidirse. Rompiendo sus hábitos elige café americano y un desayuno contundente, pero con el toque árabe del cruasán con zaatar (tomillo, sésamo y sal). Todo esto engorda una barbaridad. Pero un día es un día, dice la novelista Sahar Shalifeh. Nació en 1941 en la entonces laica y hoy conservadora Nablús, en Cisjordania. Shalifeh es una musulmana muy alejada del estereotipo. Dice simbolizarse con el movimiento feminista desde que observó el diferente trato entre su único hermano, ella y el resto de sus hermanas. Sus padres la casaron pronto. Fue un matrimonio arreglado que fracasó por suerte, según ella misma. Dedicó sus 13 años de esposa a formarse. Eran otros tiempos. Ahora, dice apenada, la ocupación israelí nos está destruyendo. Hoy Nablús es una mezcla de reaccionarios, fatalismo y consumismo, señala Shalifeh, que acaba de publicar una novela sobre su tierra de origen, Palestina. La involución árabe le apena y le indigna. Ella evolucinó en una dirección mientras su mundo tomaba la contraria. Lo advierte mientras echa pestes de la Autoridad Palestina. Pero estos días el brillo de una luz ha vuelto a sus ojos. Se siente parte de EEUU, el país al que marchó para estudiar y desarollarse. Cree que por fin el mundo ha cambiado de verdad, que por fin un ciudadano de raza negra puede llegar a la Casa Blanca, dominar el mundo. Shalifeh cree, por experiencia propia, que por fin el sexo y la raza ya no son obstáculos. Y es que, con independencia del resultado electoral de esta madrugada, el martes termina una época. La presumible victoria de Obama significará una transformación de EEUU. Terminará la era de Bush, esos ocho años de frustración y de infamia, emparedados entre los ataques terroristas del 11-S y la crisis financiera de este septiembre negro. Junto a la era Bush también termina otra era: la que se inició con Ronald Reegan. Hace 30 años se pensó que reducir impuestos a los ricos era la mejor solución para todos los problemas económicos. Después del desastre financiero, la opinión de los norteamericanos ha cambiado. No lo dice Obama, que también. El candidado demócrata presenta sus planes fiscales como una reducción de impuestos para el 95 % de la población y aprieta las clavijas a los restantes, los más ricos. Remontémonos al GP de Brasil de F-1 del pasado fin de semana. Cuando todo estaba perdido para Lewis Hamilton, llegó una última curva. El británico vislumbró una nueva oportunidad. Adelantó un coche y sumergió a Ferrari en una profunda depresión. Mclaren ganaba el Mundial una eternidad más tarde. Esa oportunidad también la vislumbra hoy el electorado norteamericano. Así lo dicen las encuestas. Sería una inesperada (e ingrata) sorpresa que McCain venciera. Porque, Obama, ha devuelvo la ilusión a EEUU, pero también al resto del planeta. Obama, sí, el futuro presidente de los EEUU de América. El primero de raza negra. Porque, esta vez, el color no ha importado. O no de forma negativa. Se podría concluir que al senador por Illinois su color de piel le ha abierto más puertas de las que le ha cerrado. Pero el verdadero motivo de su futura marcha triunfante es la del cambio. La del diálogo. La de las ideas. La de la ilusión. Obama, es el presidente poeta. Lo dijo a principios de año la analista política y premio nobel norteamericana Toni Morrison. Ella era amiga y admiradora de Hillary y Bill Clinton, al que había llamado en un controvertido artículo en el New Yorker en 1998, el primer presidente negro de EEUU, pese, advertía, su piel blanca. Pero el color no importaba, sólo las maneras, las formas, las ideas. Morrison, a pesar de su idealización de los Clinton, envió a principios de año una carta abierta a Barack Obama, apoyando por primera vez públicamente a un candidato presidencial. Le preguntaron los motivos y dijo que sencillamente lo hacía porque Obama es un poeta. Morrison no hablaba tan sólo de alguien elocuente, de alguien que amaba las palabras, es decir, que las consideraba amigas íntimas, sino algo más: un ser humano animado por una visión trascendental. Esas palabras ayudaron a muchos analistas a explicar, aún en el mes de enero, la ventaja que Obama fue paulatinamente forjando entre los votantes, su capacidad de convencer y de inspirar. Y en condiciones tan dramáticas como las que vivimos, la existencia de una visión poética en un líder poderoso cobra su verdadera magnitud. Porque vislumbrar las palabras múltiples y claras con que lentamente vamos entendiendo lo que nos pasa hoy es indispensable para anticipar soluciones para los difíciles años que se aproximan. Ya lo dijo Shelley antes de morir en el mar de su exilio italiano: los poetas son los desconocidos legisladores de la humanidad, los que preparan con sus palabras el vocabulario en que se han de escribir las leyes más justas del mañana, los que nos señalan la urgencia de un futuro ineludiblemente diferente y definitivamente más bello. O eso queremos pensar. Esta noche es la noche del cambio. De la ilusión. Un punto de inflexión en la historia. Y mientras avanza la madrugada y Obama puede (Yes, we can), yo estaré pensando en tus ojos y en como los poetas, en ocasiones, también se quedan con las ganas. No hay tortitas. Pero hay una irreductible necesidad y esperanza por el cambio.

02 noviembre 2008

LA OTRA HISTORIA DEL CALCIO

Los italianos creen que inventaron el fútbol, al que llaman calcio, que significa patada. Una patada es precisamente lo que le ha pegado estos días George W. Bush a nuestro país, después de anunciar que no invitará a España a la reunión del G-20 (los países más desarrollados del mundo). El encuentro tendrá lugar el 15 de noviembre en Washington y el objetivo será refundar el capitalismo, el modelo económico más eficaz de los creados por el hombre, visto lo visto. Pero para entonces Bush ya no será el presidente de EEUU, el hombre más poderoso del mundo. Muchos se quejan que el verdadero dueño del planeta (que será elegido este martes) no vaya a asistir, y acusan a Bush de montar un circo más antes de su despedida definitiva. Hasta que llegue ese día, otros líderes mundiales azuzarán para que Zapatero esté presente en esa reunión. Sería un insulto a la inteligencia que España no estuviera en Washington. Un insulto a nuestra civilización, historia y cultura. Un insulto al capitalismo, base de la grandeza del país de las franjas y las estrellas. Y un insulto también a los miles de millones de trabajadores de todo el mundo que no llegan a fin de mes por culpa de este feroz capitalismo que sufren sin que ellos lo hayan creado o alimentado. Así lo han manifestado ya países como México, El Salvador, Argentina o Brasil, mientras sus líderes se veían las caras con ZP en la XVIII Cumbre Iberoamericana. España debe estar sí o sí. Es un punto de no retorno. Pero el verdadero punto central, como no podía ser de otra manera, ha sido la crisis financiera. Una crisis que ha llevado a nuestro vecino Portugal a nacionalizar su banco de referencia: el BPN. Otros de los que intenta nacionalizar algo, y están como locos por hacerlo, es McCain. Ahora que las encuesta le arrojan a las catacumbas se ha empeñado en presentar a Obama como socialista, negro y terrorista. El veterano de guerra, demasiado veterano para ser presidente, diría yo, asegura que el senador de Illinois retirará la estatua de La Libertad, símbolo que abraza a todo aquel que llega a Nueva York en busca de su particular sueño americano. El mismo del que no despierta Obama, que es un ciclón que avanza con paso firme, y salvo mayúscula sorpresa, hacia la Casa Blanca. Su rostro denota humildad, cambio, ilusión. Cuando miro al rostro de Maria Stella Gelmini, implacable ministra de Educación (o lo que queda de ella en Italia) de Berlusconi, me doy cuenta que hay mujeres que a pesar de su rostro dulce y amable esconden una frialdad terrorífica. Lo vi en tus ojos, una tarde gris del mes de mayo, cerca de Celimontana, a dos pasos del Coliseo, por donde el pasado sábado desfilaron más de un millón y medio de personas para quejarse de la política económica, educativa y de inmigración del gobierno. Gelmini ha llevado a las cámaras italianas el llamado decreto 137 (que tiene sus cosas malas y sus cosas buenas, según me dices tan alejada de la realidad como de mí). La ministra, imperturbable ante la bronca que ha acompañado sus decisiones, sigue convencida de que su reforma mejorará la educación pública a pesar de los recortes en la financiación (7.800 millones de euros menos durante el próximo trienio); la supresión de más de 130.000 empleos entre docentes y administrativos; la reducción de horas semanales de lección, etcétera, etcétera... El país, desde Milán a Catania, es un clamor. Los estudiantes se llegaron a apilar en las puertas del Palacio Madama para protestar contra Gelmini y exigir un referéndum para derogar la ley. A falta de iniciativa gubernamental, la consulta será promovida por el Partido Demócrata ciudad por ciudad, según ha anunciado Walter Veltroni. La izquierda, después de muchos años dormitando en la caverna del terror y la desavenencia política, se ha redescubierto a sí misma. Cree en sus posibilidades. Y el pueblo vuelve a estar con ella. Pero de eso, de la izquierda italiana y de sus laberintos, hablaremos otro día. Lo prometo. Ahora suenan en la distancia los tambores del cambio. Traen un ritmo de danza africana, aire keniano. Es la oportunidad de recobrar la ilusión perdida. De darle una patada a todo y romper con el pasado. Contigo. Con una ciudad eterna plagada de onanismos. Una patada a la vida. Una patada al decreto de Gelmini. Una patada a Berlusconi, capaz de rebajar casi en 8.000 millones el presupuesto en Educación para recortar gastos y aprobar, al mismo tiempo, una ley llamada salvafútbol. Fue en 2003, cuando se permitió a los clubes devaluar el patrimonio en el balance para percibir compensaciones fiscales por esa pérdida contable y amortizarla en diez años. Pero claro, entonces esa patada monumental a las arcas públicas beneficiaba a Il Cavaliere para curtirse de votos (el fútbol italiano es el semillero de la derecha italiana y de los apolíticos). Entonces, esos 8.000 millones de euros eran menos millones y su AC Milán estaba de por medio. Es la otra historia del calcio, aquella que no cuenta el libro de Enric González, antiguo corresponsal del diario El País en Roma. Su libro es su historia. Igual que yo tengo mi propia historia de Roma. Y a veces es difícil darle una patada a tu propia historia.

16 octubre 2008

CUADERNO AZUL

A veces el silencio se deja agitar por la brisa del mar, trayendo y llevando a su paso las palabras sordas que resuenan en nuestras mentes perdidas. Por eso me gusta sentarme en la orilla del mar a media tarde viendo como las gaviotas vuelan por encima de mi cabeza mientras en ella se despedazan sueños, miedos y esperanzas. Pero aquel verano iba a ser diferente. Cambiamos la playa por el pueblo de mis abuelos maternos, para mí, el fin del mundo. Un lugar fúnebre al que llegamos después de cientos de horas al volante y millones de discusiones con papá. No había remedio y este verano estaba destinado a ser el peor verano de mi vida. Todo eso cambió con los encuentros en el único bar del pueblo, que era bar, biblioteca, recreativos y sala de reuniones. Allí, a las horas en que el sol más apretaba, nos reuniamos Cholo, el bola, la Mari, Inesita, Fer y yo. Inventábamos historias y juegos, propio del aburrimiento, y certificamos una alianza de sangre: la de nuestra amistad vitalicia. Aquel verano llegó al pueblo el cine de verano, que no era otra cosa que la reproducción de una película en la plaza del pueblo, en lugar de hacerse en el teatro municipal. Numerosos largometrajes comenzaron a formar parte de nuestras vidas y empezamos a adorar el séptimo arte por encima de todas las cosas. El cine era nuestro motivo de existencia. Y así fue como decidimos hacer cine. El bar de Asún, el único de la ciudad, fue nuestro centro de reuniones. El primer guión lo escribimos en un cuaderno azul que aún poseo. La historia que contábamos era la historia de nuestras vidas, ahogadas por entonces en el engambre político de la época. Éramos jóvenes e inocentes. De ese cuaderno azul evoco ahora las historias de mis nuevos guiones. He perdido la inocencia y me he dado cuenta que todo lo que está a mi alrededor se encuentra sucio, corrupto y lleno de intereses propios. Todo lo que me rodea encarna aquel viejo pensamiento de Hölderlin cuando afirmaba que soñamos como los dioses pero pensamos como los mendigos. Así lo ha descubierto Roberto Saviano, un escritor italiano dispuesto a abandonar su país por las presiones y amenazas de muerte recibidas por parte de la Camorra. No quiere más que pasear, tomar el sol, caminar bajo la lluvia y quedar con su madre sin miedo. El clan de los Casalesi quiere acabar con la vida del autor de Gomorra, un libro donde Saviano desvela el entramado de los Casalesi, la familia que domina Nápoles. Pero la mafia está más cerca de lo que nosotros mismos creemos. Tan cerca que nos toca con las yemas de sus dedos como el agua salada baña la orilla de la playa de mi infancia. Una playa a la que de momento no volveré porque de nuevo, un buque ha vertido su fuel en el mar. Ha sido en la Bahía de Algeciras. Una vez más. Pero "las playas andaluzas están limpias". Lo dice Manolo Chaves desde Paraguay, donde se ha ido a vender turismo y restar alarmismo. Pero lo cierto es que cien metros de litoral están manchados con restos de fuel del buque Fedra. ZP también siguió el pensamiento de Hölderlin. Soñó como un Dios y se encaramó a la ley como un koala a su eucalipto: seremos un Estado laico, dijo. Y ahora actúa como un mendigo entregando a la Iglesia 156 millones de euros para salarios de Obispos y sacerdotes diocesanos. Tiempos de crisis, pero no para la fe que, no sólo mantiene su parte del pastel, sino que la aumenta. Habría que mirar que escriben los Obispos en su cuaderno azul. Seguro que algo dirían de las 19 fosas de la guerra civil que pretende exhumar Garzón y a lo que la Fiscalía se opone. Y mientras Botín no considera necesaria la entrada del Gobierno en los bancos españoles (no debemos ir tan mal como la derecha vende y desea), el Primer Ministro británico, Gordon Brown, ha mostrado su deseo de que España acuda a la próxima cumbre internacional que debe discutir una posible reforma global de los mercados financieros y a la que acudirán los miembros del G-8. Cada uno pinta su cuaderno azul como le conviene. Más Hölderlin. Más sueños de Dioses y pensamientos de mendigos. Lo que somos. Vamos por ahí mendigando un poco más de todo. Y lo que verdaderamente necesitamos es lo que menos demandamos. El cuaderno azul también nos hablará de desengaños.

07 octubre 2008

EL AMIGO DE LOS TERRORISTAS

Con la Bolsa de nuevo en caída libre, pese al plan de rescate aprobado la pasada semana por el Congreso, y el acecho de una profunda recesión, resulta muy difícil para John McCain darle a esta campaña electoral un giro hacia territorios que le puedan resultar más favorables que el de la economía. McCain no es capaz de ilusionar al electorado estadounidense, que vive sus peores días desde la Gran Depresión de 1929. El republicano no convence en economía, en gestión pública, en educación, en sanidad... y mucho menos en política exterior. Por ello, su candidatura intenta recurrir masivamente al voto del miedo frente a un candidato negro, de extraño apellido y de exótica biografía para el gusto del estadounidense medio. En ariete de esa estrategia se ha convertido la aspirante republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin. Sin ningún argumento, la número dos de McCain acusa a Obama de ser amigo de terroristas. Y todo, cuando su compañero Bush ha desoído resoluciones de la ONU y ha puesto en tela de juicio el equilibrio político del concierto internacional. Ahora, a nivel geopolítico, nadie sabe qué papel juega ni, lo que es más grave, qué y quién es. Bush ha recuperado el mundo de los bloques (el del Mal y el del Bien), la demagogía y, lo más preocupante, ha llevado a la ruina (política, económica, militar y social) a un país, EEUU, sin adversario en el concierto internacional. Hoy se pone en tela de juicio el liderazgo estadounidense frente a otras potencias como Rusia, China o India. También ha sido Bush, gendarme del planeta, el que con su particular forma de hacer política, ha provocado que en países otrora democráticos, se instalen ahora gobiernos de corte dictatorial. Afganistán primero (luego abandonado a su suerte) e Iraq después han centrado los esfuerzos del peor presidente de EE UU de todos los tiempos. Y McCain forma parte de ese pesimismo: es el legado natural de Bush. Frente a éste se alza la figura de Barack Obama, joven, dinámico y dialogante. No tiene la experiencia de McCain, ni ha sido prisionero de guerra, pero anoche, en el segundo debate entre los dos aspirantes a la Casa Blanca se pudo comprobar una vez más, porque las encuestas dan a Obama como virtual ganador. La juventud y el dinamismo de uno y la rigidez y la edad del otro es el principal contraste del desafío dialéctico entre las dos personalidades. En el caso del senador por Arizona, este contraste se ve acentuado por su insistencia de acudir al pasado y a su experiencia. El remasterizado McCain levanta muchas simpatías y suscita respeto entre los estadounidenses, pero no proporciona la seguridad y la autoridad que se requiere para conducir a EEUU en una situación difícil. Por ello, las palabras de Palin señalando la amistad entre el terrorista Ayers y Obama no tienen ningún sentido. El aspirante demócrata a la Casa Blaca es un ciudadano modelo en EEUU. El senador por Illinois ni siquiera sabía que William Ayers, un líder radical de los 60, fundador de un grupo que promovió atentados en EE UU, trabajaba en su mismo edificio de Chicago. Lo que sí sabe, como el pueblo americano, es que McCain es la sombra de una historia pasada, unos ojos tristes, un atardecer solitario. Por su parte, Obama simboliza a esa preciosa niña morena de ojos verdes y traje verde que se incrusta en tu retina cualquier 15 de agosto en cualquier feria de verano. Como ella, Obama te enamora a primera vista y a la segunda te reafirma. Como aquella niña morena de excelsa sonrisa que un día descubres ataviada con un vestido verde esperanza y otro día con uno color rojo pasión. Pero que, siempre es la misma niña dulce. El discurso de Obama me recuerda al contoneo de esa joven muchacha. Levantando pasiones. Puede ser que Obama nunca habite la Casa Blanca, que su vitalidad se esfume como aquella muchacha en la tarde de un viernes desapareciendo en un coche ajeno delante de nuestras narices. Que nunca dicte leyes, como nosotros nunca compartamos las butacas de aquel pase de cine prometido. Pero habrá cambiado la historia de EEUU como tú has cambiado mi vida para siempre. Y, quién sabe, quizás dentro de mucho tiempo la política de este país se reinvente y aparezca en el panorama alguien como el senador Barack Obama. Como aquella noche muchos años después en otra feria de verano nos reinventamos tú y yo resucitando viejos fantasmas y eternas promesas. Sí, la poesía que te susurré estaba hecha para ti. Sí, y pensada para noches como ésas. Noches de verano donde se reinventa hasta nuestra propia existencia.