13 noviembre 2008

ESTADOS DE ÁNIMO

Hacía ya más de 20 minutos que había cesado la tormenta. Pero ella seguía sentada en el jardín de su casa esperando otra nube grisácea que le devolviera aquella sensación única que llega cuando menos te lo esperas. Había esperado durante meses. Y anoche, por fin, la televisión dió un parte de precipitaciones. Martina buscó desesperadamente su chubasquero, pero no lo encontró. La mañana siguiente estuvo todo el tiempo pendiente del cielo desde su ventana. Pero el sol brillaba allá arriba. A media tarde, cuando había perdido toda esperanza, un brusco sonido la estremeció en plena siesta. Había llegado lo que tanto esperaba. Y salió corriendo para darle la bienvenida. El agua caló su delgado cuerpo hasta los huesos. Sintió frío. Pero por fin, después de tanto tiempo, volvió a sentirte distinta, plagada de algo que tanto le gustaba. Era simple agua, sí, pero no un agua cualquiera. Su padre, que acababa de llegar del trabajo, vio toda la escena desde la ventana tomando un té caliente. No dijo nada. Creyó que a los jóvenes hay que darles su espacio, su libertad. Hace muchos años, en 2004, asistí en Madrid a una manifestación contra la pepera ley sobre la educación de la enseñanza. Hoy, esas imágenes han vuelto a mi retina al ver como miles de estudiantes (10.000 según las estimaciones) se manifestaban, por segunda vez en lo que va de curso, contra el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), conocido popularmente como Plan Bolonia. Esta Europijada recoge, entre otros puntos, la desaparición de algunas carreras como las filologías. También que empresas privadas puedan gestionar centros públicos. Y yo no, no estoy dispuesto a consentirlo. Hemos luchado mucho para llegar hasta aquí, para que todos (y todas) tengamos las mismas oportunidades, independientemente de nuestra raza, sexo, color, condición y, sobre todo, nivel de riqueza. Me niego. Y creo que el socialismo, y los socialistas, deberían alzar la voz y decir algo al respecto. Los jóvenes saben lo que les conviene, quieren su espacio. Vamos a dárselo. Apenas faltan dos meses para la ascensión del mesías Obama a la Casa Blanca. Esperemos que en ese tiempo a Bush no le dé por seguir hablando. Hoy lo ha hecho y ha vuelto a subir el pan: la crisis no es un fallo del mercado, ha dicho. Y se ha quedado tan pancho. Que se ahogue Bush. Otros nos estamos ahogando estos días con un cúmulo de sensaciones confrontadas. Son simples estados de ánimo, pero llegan muy adentro. Por un lado está el nacimiento de una sensación plácida, de vitalidad, de aventura. Por otro, la pérdida de personas que siempre estuvieron presentes en mi vida, como Trinidad o Antonio el Kaki. Veo pasar sus vidas y siento tener mucho aquí dentro para darte. Por eso creo que si Martina lo que quiere es lluvia, lo mejor que puede hacer es irse a Roma. Eso si su aerolínea no la deja en la estacada, como estos días le ha pasado a más de 1.ooo españoles en Ciampino, de vuelta a casa. Eso les pasa por no tener carné de moto. Y digo lo de Roma porque llover debe de llover mucho allí desde que yo no estoy. Julia Navarro empieza su libro La Biblia de Barro así: "Llovía sobre Roma cuando el taxi se detuvo en la plaza de San Pedro. Eran las diez de la mañana". Yo escribí hace años un relato con un comienzo similar. Por supuesto, no tenía la calidad literaria de la obra de Navarro. No le dí más importancia, pero cada vez que estoy contigo me quedo pensando por un momento en la ciudad mientras me hablas de las ganas que tienes de visitarla. Y es que a pesar de la lluvia, yo te llevaría volando, porque siento que contigo he recuperado esas alas que tanto echaba en falta. Has devuelto los colores a una vida plagada de tinieblas. Ya no te pido nada más. Bueno, lo que tú buenamente puedas darme. Los tiempos a tu lado son un regalo, una fiesta continúa. Y eso hace distinta mi vida. No pasa un día en que no aprenda algo nuevo a tu lado. Mira, ayer mismo hablábamos de lo que llegas a significar para mí. Te comparé con Némesis, esa teoría astrológica (aún debatida) por la que se cree que nuestro sistema solar es binario, oséa, que tendría dos soles y que si uno no va pues rompe el equilibrio del sistema y suceden cosas muy desagradables como la lluvia de meteoritos y eso. Pues bien, hoy unos científicos estadounideneses han anunciado que el telescopio espacial Hubble ha captado la primera imagen fotográfica con luz natural de un exoplaneta (que orbita alrededor de otro sol) a sólo 25 años luz de la Tierra. Si algún día la vida en este planeta se hace insoportable, yo no necesito de un sol alternativo bajo el que cobijarme. No es que me apetezca estar siempre en el jardín de casa calándome hasta los huesos como Martina. Es que te tengo a ti, que eres ese sol sobre el que giran mis días, mis pensamientos, mis locuras. Aunque a veces no estemos totalmente de acuerdo. Pero sabes que por tí llegaré al fin del mundo, vale la pena. ¿Que te parece desto, Sancho?, dijo don Quijote. ¿Hay encantos que valgan contra la verdadera valentía? Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible. Y para mí eso es decir Amén.

10 noviembre 2008

CUANDO AMANECE

Hoy me siento inspirado para escribirle al pasado. Para decirle, por ejemplo, que no podrás borrarme de él por mucho que te empeñes. Que algunas noches volveré a dormir contigo porque el pasado siempre regresa por muchos amaneceres que hayamos presenciado. Me ha costado, pero he logrado comprender que serás un bello recuerdo y que tendré que acostumbrarme a una eternidad sin alas. Ahora toca un nuevo amanecer. Los amaneceres son bonitos. Cada uno de ellos es distinto. En el frescor de la mañana, tengo la impresión de poder vivir en unos instantes el sentido de nuestro tiempo. La maravillosa posibilidad del amanecer y sus colores hacen que sienta el sentido leve de este tiempo como una esperanza. Y esos tonos torcidos que se cruzan en el asfalto, nada más salir del portal, hacen que piense que no necesito las palabras para escucharte. ¿Y cual es la realidad? ¿Lo que viene antes, como el amanecer, o lo que viene después, como salir a la calle a coger el autobús? Estoy atravesando una época difícil, porque soy a la vez amanecer y anochecer, esperanza y decepción. He vivido miles de vidas mientras buscaba la mía. Son historias pequeñas dentro de una gran historia. Y cuando creí haberlas escrito todas... la vida me lleva hasta a tí. Un nuevo amanecer. El amanecer más bello. Y tú estabas allí. Y en mis pensamientos. Y ahora aquí, sin nombres, como te prometí. Ya era hora de que amaneciera, suelo pensar. Como dice Walter Veltroni en su maravillosa novela Cuando amanece (aunque algunos tratan de desahuciarla), no llegó tan pronto el amanecer. Pero ha merecido la pena esperar. No me cabe duda. También ha merecido la pena ver pasar algo más de siglo y medio de historia en EEUU para ver al primer presidente negro de este poderoso país. Hoy ha visitado el que será su hogar durante los próximos cuatro años, la Casa Blanca, y ya parece que algo está cambiando en el mundo. Ha sido hoy, precisamente hoy, el mismo día que se nos ha ido la abuela Trinidad, a quien yo tanto quería. No podré ir a su funeral, pero la llevo conmigo. Me da mucha pena que se vaya. Tenía que decirle aún muchas cosas que nunca le dije. Ella que me vió crecer. Ella que tanto me aguantó. Ella que tanto me quería. Recuerdo los juegos infantiles con sus nietos en el sótano de su casa. Y sus meriendas. Y ahora se nos ha ido dejándonos como recuerdo breves notas en un diario. Pero a mí, a mí, me ha dejado mucho más. Y digo yo: ¿quién sabe lo que podemos descubrir en las páginas rancias de un diario; un libro confeccionado día a día, minuto a minuto, sensación tras sensación, ilusión tras desencanto? Tal vez Gabriel García Márquez no lo supo hasta que colocó el punto y final de su diatriba. Diatriba de amor contra un hombre sentado es un ejercicio colectivo. Una invitación generosa e indiscreta. La inmersión cuidadosa y sutil en un mundo emocional complicado y completo. Sediento de amor y alejado de un infierno que roza, osado, la sensibilidad exquisita. No nos merecemos el dolor del amor, como su protagonista. Nos merecemos bellos amaneceres. Y unas alas, aunque a veces las tomemos prestadas. Pero esos préstamos nos hacen sentirnos ilusionados. Empezar una nueva vida, como el que se acaba de caer de la cama. Veltroni, recorre Italia como si estuviera en plena campaña, vocifera en el Parlamento, ataca al vetusto Berlusconi, lanza ideas, nos emociona con sus libros. Se reinventa. Intenta amanecer. Sin embargo yo, cuando estoy junto a ti, no tengo ni amanecer, ni anochecer, ni noción del tiempo. Y eso me gusta. No me apetece para nada tener que estar pendiente de un reloj. Ojalá pronto puedas entender el discurso de Ivan Benissa en Radiofreccia. Los amaneceres también están hechos para soñarlos.

05 noviembre 2008

EL LARGO CAMINO HASTA EL SUEÑO AMERICANO

El camino de Barack Obama a la Casa Blanca no comienza en enero, con los primeros caucus del Partido Demócrata. Tampoco comienza en 2004, en el discurso de apertura de la Convención Demócrata encargado al joven senador por Illinois. Su aventura no se origina tras ganar las elecciones al Senado ese mismo año. No lo hace cuando en 1996 es elegido legislador de Illinois. Ni mucho menos en los barrios marginales de Chicago, luchando contra la pobreza, la desesperanza y la violencia. El camino de Obama al Despacho Oval no comienza con su ingreso en Harvad para estudiar derecho a finales de los años 80. Ni con su primer viaje a Kenia, origen familiar, en los 70. Ni tampoco cuando la localidad hawaiana de Honolulú lo vio nacer el 4 de agosto de 1961. La llegada de Obama al poder comenzó a fraguarse antes, mucho antes. Obama es deudor, en primer lugar, de Martin Luther King, probablemente la voz con mayor autoridad en materia de derechos humanos en la historia contemporánea de EEUU. Su participación en el movimiento de los derechos civiles culminó con las leyes de antidiscriminación racial de 1964 aprobadas durante la legislatura de Lyndon Johnson tras la muerte en atentado de su promotor, John F. Kennedy. Obama es heredero también de Shirley Chisholm, la congresista (de color) por Nueva York que en 1972 se presentó a unas primarias del Partido Demócrata negándose a aceptar el statu quo. Antes, en 1957, un grupo de nueve estudiantes de Little Roch (Arkansas) fueron atacados por su supuesto ultraje (para los blancos) de estudiar en la prestigiosa escuela Little Rock Central High School. Su negativa a plegarse a las demandas racistas espoleó la legislación contra la segregación en las escuelas públicas. Obama le debe un peaje también a Rosa Parks, una mujer de Alabama que renunció a dejar su sitio en el autobús a un blanco, aún a costa de ser detenida y condenada por ello. Su desafío dio pie a un boicot masivo que desembocó en una orden federal que prohibía la ordenanza local segregacionista. Era 1956 y mis padres aún, ni habían nacido. Obama le debe el respaldo de la comunidad afroamericana a gente como Robert Moses, activista de los derechos civiles en el sur de EEUU que combatió las prácticas abusivas con las que los blancos conseguían evitar la participación de los negros en las elecciones hasta la aprobación de la Ley de Derecho al voto de 1965. El escaño que ocupa Obama en el Senado, en representación por Illinois, se nutre del ejemplo de políticos como Edward W. Brooke, primer senador negro elegido democráticamente (en 1966). La lucha por el pleno reconocimiento de los derechos civiles tuvo también un momento de gran fuerza simbólica cuando los atletas John Carlos y Tommie Smith se enfundaron un guante negro y levantaron el puño al subir al podio durante los JJOO de 1968. Más recientemente, y aún en tiempos no exentos de tensiones raciales, Colin Powell y Condoleezza Rice abrieron puertas como secretarios de Estado (equivalente al ministro de Exteriores español) de George W. Bush. Gente como Malcolm X, Jesse Jackson, Cassius Clay, Sidney Poitier, Ophra Winfrey o el mismísimo mito de la NBA Magic Johnson, que lloró de emoción al saber que Obama ocuparía la Casa Blanca, también abrieron el camino para que el sueño americano sea más posible que nunca. La NBA, por cierto, ha sido uno de los sectores que más ha apoyado al candidato demócrata. Quizá por las dificultades que siempre han encontrado los negros a la hora de llegar a todos sitios, incluso a la citada NBA, ahora copada de jugadores de esta raza, tan comprometidos con la sociedad como el recién electo presidente. Lo demuestran sus zapatillas rotuladas con el nombre de Obama durante las horas previas y posteriores a la elección. Ha sido un largo camino. Barack Obama, el 44º presidente de los EEUU de América, es sólo la punta del iceberg. Nada tiene que ver el nuevo dueño del planeta con un personaje del genial Borges. Los personajes borgesianos no van en busca de la aventura, no se pierden en bosques encantados ni suben al hipogrifo, porque el mundo lunar, el aleph, está en ellos, entre ellos: es un desconocido que golpea a la puerta de casa, un extraño que se sienta en tu propio banco, una mujer que posees sólo en sueños o el ulular de un lobo que no existe. Obama nunca sería un personaje de Borges. Porque el senador por Illinois arriesgó desde el primer momento para hacer su sueño realidad. No era el candidato perfecto, ni tan siquiera el que ordenaba los cánones. Pero venció en una larga y dura campaña, las de las primarias demócratas, y se sobrepuso a todas las dificultades. Tanto que ha sido el candidato que más dinero ha recaudado en unas elecciones en la historia de EEUU. Tanto que la favorita, Hillary Clinton, tuvo que arrojar la toalla ante el torbellino que supuso el aspirante afroamericano. Obama es el presidente estadounidense que mayor número de votos ha conseguido. Se le esperaba como se espera a una novia en las primeras citas. Chicago ardió la noche del 4 de noviembre. No era París meses atrás. Ni Barcelona. Ni Roma, donde las minorías, incomprendidas y discriminadas por la superioridad del local, comenzaron a quemar coches y contenedores, a realizar pintadas y actos vandálicos. Pero no. Chicago ardió metafóricamente. Más de 80.000 personas se entregaron a la locura de Obama. Hasta el reverendo Wright lloró. Y no quemaron coches, ni destrozaron nada. ¿Por qué? Porque las minorías de EEUU se sienten satisfechas, dentro del sistema. Ilusionadas. Y esa es la cuestión principal a la que aspira un ser humano: la ilusión. La misma que tú llevas arrancándome 11 largos meses como si fueran alas. Y este pájaro se ha cansado de no poder otear desde el cielo. Llegan nuevos vientos y yo quiero volver a volar. Obama hereda muchos frentes abiertos del desastre Bush: Iraq; Al Qaeda y Afganistán; Oriente Próximo; Guantánamo; la crisis financiera; el resurgir de Rusia; el desarrollo de China; las deterioradas relaciones con los aliados; el cambio climático; las aspiraciones nucleares de Irán... Como dice Obama, el camino aún no está hecho. No se acaba al ganar las elecciones. Empieza ahora. EEUU nunca dejará de sorprendernos. Si renaciera Borges, tendría que reinventarse. Obama estaría en sus libros. Sé que volverás algún día y recorreremos juntos el largo camino a la felicidad. Con otros alas. Con otras metas. Tú y yo juntos. Como Obama y el tiempo de cambio que ha llegado de su mano. Inseparables. Séra vencer. O la Némesis.

04 noviembre 2008

YES, WE CAN

Lo siento, no hay tortitas, ¿unos crêpes?, sugiere el camarero. No, gracias. Tarda en decidirse. Rompiendo sus hábitos elige café americano y un desayuno contundente, pero con el toque árabe del cruasán con zaatar (tomillo, sésamo y sal). Todo esto engorda una barbaridad. Pero un día es un día, dice la novelista Sahar Shalifeh. Nació en 1941 en la entonces laica y hoy conservadora Nablús, en Cisjordania. Shalifeh es una musulmana muy alejada del estereotipo. Dice simbolizarse con el movimiento feminista desde que observó el diferente trato entre su único hermano, ella y el resto de sus hermanas. Sus padres la casaron pronto. Fue un matrimonio arreglado que fracasó por suerte, según ella misma. Dedicó sus 13 años de esposa a formarse. Eran otros tiempos. Ahora, dice apenada, la ocupación israelí nos está destruyendo. Hoy Nablús es una mezcla de reaccionarios, fatalismo y consumismo, señala Shalifeh, que acaba de publicar una novela sobre su tierra de origen, Palestina. La involución árabe le apena y le indigna. Ella evolucinó en una dirección mientras su mundo tomaba la contraria. Lo advierte mientras echa pestes de la Autoridad Palestina. Pero estos días el brillo de una luz ha vuelto a sus ojos. Se siente parte de EEUU, el país al que marchó para estudiar y desarollarse. Cree que por fin el mundo ha cambiado de verdad, que por fin un ciudadano de raza negra puede llegar a la Casa Blanca, dominar el mundo. Shalifeh cree, por experiencia propia, que por fin el sexo y la raza ya no son obstáculos. Y es que, con independencia del resultado electoral de esta madrugada, el martes termina una época. La presumible victoria de Obama significará una transformación de EEUU. Terminará la era de Bush, esos ocho años de frustración y de infamia, emparedados entre los ataques terroristas del 11-S y la crisis financiera de este septiembre negro. Junto a la era Bush también termina otra era: la que se inició con Ronald Reegan. Hace 30 años se pensó que reducir impuestos a los ricos era la mejor solución para todos los problemas económicos. Después del desastre financiero, la opinión de los norteamericanos ha cambiado. No lo dice Obama, que también. El candidado demócrata presenta sus planes fiscales como una reducción de impuestos para el 95 % de la población y aprieta las clavijas a los restantes, los más ricos. Remontémonos al GP de Brasil de F-1 del pasado fin de semana. Cuando todo estaba perdido para Lewis Hamilton, llegó una última curva. El británico vislumbró una nueva oportunidad. Adelantó un coche y sumergió a Ferrari en una profunda depresión. Mclaren ganaba el Mundial una eternidad más tarde. Esa oportunidad también la vislumbra hoy el electorado norteamericano. Así lo dicen las encuestas. Sería una inesperada (e ingrata) sorpresa que McCain venciera. Porque, Obama, ha devuelvo la ilusión a EEUU, pero también al resto del planeta. Obama, sí, el futuro presidente de los EEUU de América. El primero de raza negra. Porque, esta vez, el color no ha importado. O no de forma negativa. Se podría concluir que al senador por Illinois su color de piel le ha abierto más puertas de las que le ha cerrado. Pero el verdadero motivo de su futura marcha triunfante es la del cambio. La del diálogo. La de las ideas. La de la ilusión. Obama, es el presidente poeta. Lo dijo a principios de año la analista política y premio nobel norteamericana Toni Morrison. Ella era amiga y admiradora de Hillary y Bill Clinton, al que había llamado en un controvertido artículo en el New Yorker en 1998, el primer presidente negro de EEUU, pese, advertía, su piel blanca. Pero el color no importaba, sólo las maneras, las formas, las ideas. Morrison, a pesar de su idealización de los Clinton, envió a principios de año una carta abierta a Barack Obama, apoyando por primera vez públicamente a un candidato presidencial. Le preguntaron los motivos y dijo que sencillamente lo hacía porque Obama es un poeta. Morrison no hablaba tan sólo de alguien elocuente, de alguien que amaba las palabras, es decir, que las consideraba amigas íntimas, sino algo más: un ser humano animado por una visión trascendental. Esas palabras ayudaron a muchos analistas a explicar, aún en el mes de enero, la ventaja que Obama fue paulatinamente forjando entre los votantes, su capacidad de convencer y de inspirar. Y en condiciones tan dramáticas como las que vivimos, la existencia de una visión poética en un líder poderoso cobra su verdadera magnitud. Porque vislumbrar las palabras múltiples y claras con que lentamente vamos entendiendo lo que nos pasa hoy es indispensable para anticipar soluciones para los difíciles años que se aproximan. Ya lo dijo Shelley antes de morir en el mar de su exilio italiano: los poetas son los desconocidos legisladores de la humanidad, los que preparan con sus palabras el vocabulario en que se han de escribir las leyes más justas del mañana, los que nos señalan la urgencia de un futuro ineludiblemente diferente y definitivamente más bello. O eso queremos pensar. Esta noche es la noche del cambio. De la ilusión. Un punto de inflexión en la historia. Y mientras avanza la madrugada y Obama puede (Yes, we can), yo estaré pensando en tus ojos y en como los poetas, en ocasiones, también se quedan con las ganas. No hay tortitas. Pero hay una irreductible necesidad y esperanza por el cambio.

02 noviembre 2008

LA OTRA HISTORIA DEL CALCIO

Los italianos creen que inventaron el fútbol, al que llaman calcio, que significa patada. Una patada es precisamente lo que le ha pegado estos días George W. Bush a nuestro país, después de anunciar que no invitará a España a la reunión del G-20 (los países más desarrollados del mundo). El encuentro tendrá lugar el 15 de noviembre en Washington y el objetivo será refundar el capitalismo, el modelo económico más eficaz de los creados por el hombre, visto lo visto. Pero para entonces Bush ya no será el presidente de EEUU, el hombre más poderoso del mundo. Muchos se quejan que el verdadero dueño del planeta (que será elegido este martes) no vaya a asistir, y acusan a Bush de montar un circo más antes de su despedida definitiva. Hasta que llegue ese día, otros líderes mundiales azuzarán para que Zapatero esté presente en esa reunión. Sería un insulto a la inteligencia que España no estuviera en Washington. Un insulto a nuestra civilización, historia y cultura. Un insulto al capitalismo, base de la grandeza del país de las franjas y las estrellas. Y un insulto también a los miles de millones de trabajadores de todo el mundo que no llegan a fin de mes por culpa de este feroz capitalismo que sufren sin que ellos lo hayan creado o alimentado. Así lo han manifestado ya países como México, El Salvador, Argentina o Brasil, mientras sus líderes se veían las caras con ZP en la XVIII Cumbre Iberoamericana. España debe estar sí o sí. Es un punto de no retorno. Pero el verdadero punto central, como no podía ser de otra manera, ha sido la crisis financiera. Una crisis que ha llevado a nuestro vecino Portugal a nacionalizar su banco de referencia: el BPN. Otros de los que intenta nacionalizar algo, y están como locos por hacerlo, es McCain. Ahora que las encuesta le arrojan a las catacumbas se ha empeñado en presentar a Obama como socialista, negro y terrorista. El veterano de guerra, demasiado veterano para ser presidente, diría yo, asegura que el senador de Illinois retirará la estatua de La Libertad, símbolo que abraza a todo aquel que llega a Nueva York en busca de su particular sueño americano. El mismo del que no despierta Obama, que es un ciclón que avanza con paso firme, y salvo mayúscula sorpresa, hacia la Casa Blanca. Su rostro denota humildad, cambio, ilusión. Cuando miro al rostro de Maria Stella Gelmini, implacable ministra de Educación (o lo que queda de ella en Italia) de Berlusconi, me doy cuenta que hay mujeres que a pesar de su rostro dulce y amable esconden una frialdad terrorífica. Lo vi en tus ojos, una tarde gris del mes de mayo, cerca de Celimontana, a dos pasos del Coliseo, por donde el pasado sábado desfilaron más de un millón y medio de personas para quejarse de la política económica, educativa y de inmigración del gobierno. Gelmini ha llevado a las cámaras italianas el llamado decreto 137 (que tiene sus cosas malas y sus cosas buenas, según me dices tan alejada de la realidad como de mí). La ministra, imperturbable ante la bronca que ha acompañado sus decisiones, sigue convencida de que su reforma mejorará la educación pública a pesar de los recortes en la financiación (7.800 millones de euros menos durante el próximo trienio); la supresión de más de 130.000 empleos entre docentes y administrativos; la reducción de horas semanales de lección, etcétera, etcétera... El país, desde Milán a Catania, es un clamor. Los estudiantes se llegaron a apilar en las puertas del Palacio Madama para protestar contra Gelmini y exigir un referéndum para derogar la ley. A falta de iniciativa gubernamental, la consulta será promovida por el Partido Demócrata ciudad por ciudad, según ha anunciado Walter Veltroni. La izquierda, después de muchos años dormitando en la caverna del terror y la desavenencia política, se ha redescubierto a sí misma. Cree en sus posibilidades. Y el pueblo vuelve a estar con ella. Pero de eso, de la izquierda italiana y de sus laberintos, hablaremos otro día. Lo prometo. Ahora suenan en la distancia los tambores del cambio. Traen un ritmo de danza africana, aire keniano. Es la oportunidad de recobrar la ilusión perdida. De darle una patada a todo y romper con el pasado. Contigo. Con una ciudad eterna plagada de onanismos. Una patada a la vida. Una patada al decreto de Gelmini. Una patada a Berlusconi, capaz de rebajar casi en 8.000 millones el presupuesto en Educación para recortar gastos y aprobar, al mismo tiempo, una ley llamada salvafútbol. Fue en 2003, cuando se permitió a los clubes devaluar el patrimonio en el balance para percibir compensaciones fiscales por esa pérdida contable y amortizarla en diez años. Pero claro, entonces esa patada monumental a las arcas públicas beneficiaba a Il Cavaliere para curtirse de votos (el fútbol italiano es el semillero de la derecha italiana y de los apolíticos). Entonces, esos 8.000 millones de euros eran menos millones y su AC Milán estaba de por medio. Es la otra historia del calcio, aquella que no cuenta el libro de Enric González, antiguo corresponsal del diario El País en Roma. Su libro es su historia. Igual que yo tengo mi propia historia de Roma. Y a veces es difícil darle una patada a tu propia historia.