24 septiembre 2008

ETERNIDADES

De pequeño tenía un amigo que vivía en la calle Defensa, justo enfrente del parque. Un espacio que nos cargaba con una energía especial. Nunca nos cansábamos de subir y bajar en bicicleta por las cuestas de las barrancas, de rodear el anfiteatro, de asomarnos a la verja del Museo Histórico Nacional, de disfrutar a la sombra de los árboles… Aunque a mí nada me cautivaba más que asomarme a la barandilla de troncos del mirador hacia el lejano río. Trataba de imaginar cómo habría sido aquel lugar cuando las aguas aún besaban la tierra allí donde ahora los coches atraviesan el Paseo Colón, de visualizar las primeras casas, los alrededores vacíos... Sólo pampa y soledad. Siempre me costó mucho ver llegar la modernidad a la ciudad, tal vez porque igual que a Borges, a mí también “se me hace cuento" el nacimiento de Buenos Aires. La juzgo tan eterna como el agua y el aire. El paso del tiempo ejecuta la transición de los elementos, de los espacios, de la materia. Buenos Aires hoy ya no es el Buenos Aires en que Georgia paseaba bajo las farolas soñando escenarios y repartos imposibles. Ahora, la ciudad poco se parece a aquella urbe que había dejado atrás antes de iniciar su breve, pero intensa, aventura italiana. Aquella ciudad pasional que enamora a todo el que la visita. La Recoleta, el barrio de La Boca, Palermo, Belgrano, Avenida 9 de Julio, Corrientes... La ciudad más hermosa del mundo: Buenos Aires. Argentina, un país a la deriva económica, política y social en diciembre de 2001 venció miedos y miserias. Ya no es el país al que, en los años 70, muchos auguraban un futuro espléndido. Los políticos corruptos, las privatizaciones de los años 90, el mal reparto de la riqueza (y de las oportunidades) y la explotación extranjera sumieron al país en un caos del que poco a poco va saliendo, aletargado por su alta inflación y la alta deuda que hasta hace pocas fechas soportaba. Ya no hay corralito ni crisis financiera, ni peligro por una confrontación civil. Pero quedan las marcas de un país herido. Aquel que me dicta las diferencias entre los iguales. Hoy, en la bella, pasional y gran urbe que es Buenos Aires, la justicia social ha desaparecido. Antes, gentes de todo el mundo venían buscando una oportunidad. Incluidos españoles e italianos, que llegaban en masa. Ahora, somos nosotros los que abandonamos este barco a la deriva. Nos descubren una luz al final del túnel, pero ya somos muchos los que hace tiempo dejamos de fiarnos. En ocasiones, a 30000 kilómetros de casa (Georgia dixit) pienso en mi infancia, en aquel amigo que se quedó padeciendo miserias en la ciudad, en aquellos paseos en bicicleta y en los deseos de encontrar todo igual cuando fuésemos viejos. Despierto del sueño y contemplo que la realidad siempre es distinta. Los últimos casos de corrupción, la revuelta campesina y la turbia victoria de Cristina Fernández Kirchner (caso del maletín incluido) nos ha devuelto a las sombras. Y no hay soluciones a la vista. En 2010 llegará un nuevo mundial de fútbol, ganará Argentina y, entonces, el pueblo al menos tendrá una razón para no capitular de sus vidas. Pero todo quedará eternamente como estaba.
a Luciana Carlopio, argentina

19 septiembre 2008

EL FLANCO IZQUIERDO

Acababa de llegar. Apenas llevaba una semana despertándome frente al mar en una ciudad tan íntima como desconocida. Los pasillos de la casa se me hacían eternos, por eso siempre trataba de buscar alguna tarea que me mantuviese ocupado. Me sentía como una especie de Mimi Siku, el chico que cambiaba la selva por la modernidad de la gran ciudad en aquel magnífico largometraje titulado “Un indio en París”. Era inevitable hacer comparaciones con otras experiencias vitales. Cuando llegué a Roma, la ciudad dormía lentamente, despedazándose en la pereza de la noche. En la lejanía sonaban las sirenas. Los últimos autobuses, llenos e iluminados, recorrían la ciudad por un asfalto húmedo, mientras en el interior del vehículo un hombre se afanaba por colocar una pila de periódicos. Miré entonces hacia ellos y clavé mi mirada en la fecha. Y me di cuenta de que en el trayecto de aquel viejo autobús había desarrollado mis dos primeras semanas de vida en Roma. Entiendo que tengas miedo a los pájaros, que vuelan de un lugar a otro huyendo de sí mismos. Mis alas son este blog, mi equipaje, ligero. La vida es efímera y yo aún trato de encontrarte. Creí hacerlo entre las ruinas de una ciudad tan eterna como tu nombre. Pero mi segundo intento se despeñó por donde caen los silencios del olvido. La nueva ciudad ya no me parecía tan frenética. Era mi hogar. Y aunque durante largo tiempo fui escéptico a ser profeta en mi tierra, quise tener la oportunidad de sacudir mis veleidades al vaivén de las olas. Aprobé el cambio después de comprobar que la tranquilidad se había apoderado de mis fantasmas. Pero a veces tenía la sensación de haber dejado en el camino muchos sueños, muchas oportunidades y muchos euros. Nada importa ahora que Alitalia está al borde de la quiebra y todos los recuerdos un poco más lejanos. Tuve la intención de dar un paso hacia atrás, de volver al lugar donde había rozado el éxito con las yemas de los dedos. Porque ni mi hogar pareció pertenecerme. Pero entonces enfilé aquella calle de sentido único en el corazón de la nueva ciudad, llegué a una puerta enorme de madera recién restaurada y enfilé el flanco izquierdo de aquella exuberante escalera de mármol blanco (unos versos de Montale discurrieron por todo mi cuerpo como si estuviera vacío). Abrió la puerta una señorita muy amable y de corte oriental. Al fondo de la lujosa sala, una mirada ausente, perdida entre libros de legislación y una pantalla de ordenador. Me habían encomendado una misión de alto riesgo. Y allí estaba yo, dispuesto a entregarte aquella carta. Con ella se iría una parte de mí. Y desde entonces te recuerdo, y recuerdo, como enfilé aquellos peldaños por la izquierda, acertando a completar el galimatías del pensamiento moderno. Me preguntaba por la ausencia de ideas en el campo de la izquierda desde la caída de la URSS. Según Sunder Katwala, ideas hay, lo que no hay en muchas ocasiones es capacidad para comunicarlas. Obviamente, los medios de comunicación de masas son negocios costosísimos y es raro ver empresarios de izquierdas. Además, según apuntó Lakoff en su libro “No pienses en un elefante”, hay una gran incapacidad para presentar las ideas progresistas de un modo desacomplejado, sencillo, directo y atractivo. Ya ves como bastante de los elementos novedosos y atractivos de la nueva derecha europea están copiados de la izquierda. Así es como los listos del PP se están apropiando de un espacio que no les corresponde. La estrategia de Gallardón en TVE fue un claro ejemplo de ello, ahora que Miss Aguirre anda más preocupada de encauzar los caudales de “sus” ríos hasta bolsillos amigos. Por eso no digas que no te necesito para mi batalla de ideas e ilusiones. Por eso no digas que no te necesito para descubrir esta ciudad llena de interrogantes. Sus esquinas han vuelto a pertenecerme desde que tus ojos vinieron a recibirme. No digas que no. O me lanzaré a la calle en busca de fervor.

25 agosto 2008

HABLEMOS DEL GOBIERNO

Bajo la tiranía del franquismo, sus prohibiciones y sus necesidades, los españoles encontraron en el humor la mejor terapia. A ella, en ocasiones, añadían la ironía. Era la única forma que tenía la prensa no oficialista de informar con objetividad. Criticar al régimen, o al propio Franco, era delito en la época. Aunque siempre había alguna forma de criticar sin que los medios de control (y opresión) del franquismo lo advirtieran. A finales de los años 60 comenzó a actuar un dúo de humoristas llamado Tip y Coll. Al finalizar sus actuaciones dejaban caer un y mañana hablaremos del gobierno. Era la única fórmula posible para hacerle ver a la España de la época la situación política que soportaba. A la muerte de Franco, nuestro país comenzó a conocer una apertura que ni los más optimistas (o comunistas) del país podrían haber imaginado. Y fue así como comenzaron a salir a la luz los trapos sucios de 40 años de miserias. Acabados los JJOO de Pekín, ha llegado el momento de criticar al régimen chino. Porque, antes o durante la celebración olímpica, ninguna voz política, social o económica ha osado en llamar a China por su nombre: dictadura. Y es que la primera premisa del COI al elegir la sede para unos JJOO debería ser que sus ciudadanos no tuviesen ataduras de ningún tipo. Me resulta impensable imaginar a Barcelona albergando un acto de tal magnitud bajo el yugo de Franco, ¿por qué China sí los ha podido celebrar? Nadie recuerda (o no quiere recordar) lo que en 1966 se dió en llamar la gran revolución cultural del proletariado, un movimiento desde el cual se perseguía ideológicamente a todos los chinos que no seguían las tesis de Mao. Tanques contra personas. Armas contra ideas. Ya nadie recuerda (o no quiere recordar) que China es el país en el que más penas de muerte se ejecutan cada año. Nadie recuerda (o no quiere recordar) la elevada corrupción política bajo el mandato de Deng Xiaoping en los años 80 (ese era un país comunista e igualitario, sí señor). Ya nadie recuerda (o, insisto, nadie quiere recordar) el más de medio siglo de invasión china en Tíbet, las purgas de sus habitantes, la destrucción de sus tesoros artísticos, literarios y arquitectónicos. La matanza, en 1979, de miles de monjes tibetanos, o, su captura y posterior reclusión en campos de concentración. O más recientemente, el movimiento de liberación tibetano (auspiciado por sus monjes y el Dalai Lama) sofocado por China con tanques y asesinatos masivos y exhaustivos. Año 2007. Así es China, el país que ha sorprendido al mundo en los JJOO. Así, aunque muchos hayan querido esconder lo evidente o lo hayan callado momentáneamente. Entre ellos, el presidente del COI, Jacques Rogge, más preocupado de que no existiesen apuestas ilegales en Pekín, de los anabolizantes y del favor político chino que de sus ciudadanos, sus derechos y la libertad del Tíbet. Por no hablar de Bush, Sarkozy y compañía, que habían prometido no acudir a Pekín en señal de oposición a la postura opresora de China en el Tíbet. Otra oportunidad perdida. Y ahora, ahora sí, hablemos del gobierno (lo nuestro, con sus silencios, sus ansias y sus miedos, lo nuestro, ya no tiene remedio).

21 agosto 2008

EL TIEMPO NO TIENE ALAS

Hace 1500 años, San Agustín de Hipona preguntó: ¿Qué es el tiempo? Y es que desde la antigüedad, el tiempo ha intrigado a las mentes humanas. Los griegos creían que el tiempo era cíclico y que cuando todos los cuerpos celestes volvieran a sus posiciones originales, todo volvería ser como en el principio y se iniciaría de nuevo la existencia. Los cristianos, en cambio, concebían al tiempo en forma lineal, con un principio y un final, consignados en su texto sagrado, la Biblia. En la era del racionalismo, el físico Isaac Newton dijo que el tiempo existía independientemente de la mente humana y los objetos materiales, que fluía por sí mismo. El filósofo Emmanuel Kant propuso que el tiempo era una invención humana que se proyectaba sobre el universo. Ahora, en el siglo XXI, un joven jamaicano ha pulverizado registros. Él no sabe responder a la pregunta de San Agustín de Hipona, poco le importa. Sólo sabe que sale de Pekín con dos nuevos records mundiales de atletismo y después de haber asombrado al mundo. Es Usain Bolt. Tentado por las mejores universidades de EEUU, Bolt giró la cara y antepuso los sentimientos a los dólares. Phelps, con sus ocho oros, también ha asombrado al mundo. Ha demostrado que, aunque el hombre no es capaz de explicar qué es el tiempo, si puede retarlo. Mucho antes, PUDIMOS. La Eurocopa ya reside en las vitrinas de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Por fin fuimos capaces de romper el maleficio. Yo también pienso que el tiempo es cíclico. Todo va, todo viene. Y cambia posiciones para volver y volver y... Así es como estos días hemos vuelto a encontrarnos. Tú y yo. Hace mucho que terminó nuestro tiempo, pero los griegos sabían de lo que hablaban, y aunque nuestros cuerpos celestes no han vuelto a sus posiciones iniciales, nosotros hemos querido posicionarnos. Tu seguías donde y como siempre. Sin alas, pero con un libro entre las manos, aprendiendo que significó para la humanidad aquellla bajeza humana que inventó el comunismo soviético: el gulag. Lo haces ahora que precisamente ha muerto Alexander Solzenitsin, autor del monumental Archipiélago Gulag, testimonio definitivo sobre el terror que sustentó la desaparecida URSS y ese experimento social y político que llamaron socialismo real. La obra de Solzenitsin demuestra que un tipo que tenga memoria y que además lo registre todo detalladamente es tremendamente poderoso a la hora de mover conciencias, incluso frente a un poder tiránico que gozó de amplias simpatías y complicidades en Occidente. El tiempo, querida mía, no tiene alas y no nos devolverá ese maravillosa etapa que hemos perdido. Como tampoco nos devolverá a esas 154 personas que han perecido en el accidente aéreo de Barajas. El avión zozobraba y el piloto quiso cancelar el vuelo. Una revisión in situ declinó la propuesta del Comandante. El MD -82 quiso volar, cómo los pájaros, como el tiempo, nuestro tiempo. Y lo intentó. Se incendió un motor, pero ya no había marcha atrás. Así de implacable es esto a lo que llamamos tiempo. Spanair pretende desde julio el despido de más de un tercio de la plantilla. Pilotos y sindicatos venían denunciando la disminución de seguridad en la empresa, algo en lo que también incidiría la marcha de más de 1000 trabajadores. Incluso dos horas antes del siniestro, planeaban una huelga por caos organizativo. Yo me preguntó por qué se dejó volar a ese avión (donde pudimos estar todos). No encuentro respuesta, como tampoco la encuentra quienes buscan contestar a San Agustín de Hipona (y por tanto a la Humanidad). Sólo pido que se depuren responsabilidades, porque ya nadie va a devolvernos a esas 154 personas. Como ya nadie nos devolverá los minutos que hemos estado separados. Tú con tu libro, yo encerrado en mi particular gulag de las amarguras.

20 junio 2008

LUCES EN LA CIUDAD

Miró, y a sus pies sólo existía el abismo. Advirtió como se balanceaba sobre un fino hilo suspendido en el aire. A una parte la vida, a otra la muerte. Parece simple visto así. Como la vida misma. Nada más lejos de la realidad. De esa frontera entre el hoy y el misterioso mundo que nos aguarda, nadie sabe más que José Tomás. Ha iniciado el viaje a ninguna parte en cientos de ocasiones. Lo ha hecho sin miedo y con pasión. La pasión que imprime en sus movimientos y en su capote en mitad del ruedo. Una pasión que hace que, quienes defenestramos la fiesta nacional, nos enamoremos por un instante del toreo viéndole hacer sus diabluras. Arte, puro arte. Y en el límite de esa frontera tan simple y tan real: vida/muerte. No es la única frontera a la que se deben enfrentar cada día 37 millones de personas. Es el número de refugiados que existen en el mundo según un informe de ACNUR. Casi la mitad de esos refugiados proceden de Iraq y Afganistán, escenarios de combates de la guerra contra el terrorismo emprendida por EE UU tras los atentados del 11-S. Una honda herida la que deja Bush al mundo como legado. Apenas faltan cinco meses para su partida definitiva. No sé si con Obama cambiará algo, con McCain, seguro que no. Por si acaso, mantengo el talismán que me regalaste. Estos días se ha llenado mi mundo de recuerdos con Secondo Tempo, la segunda parte del recopiltorio de Ligabue. Aperecías en cada verso. Pero la vida sigue. Y como dice el poeta italiano Stefano Benni: perdona amor, he usado nuestra canción para una nueva relación. No te culpo, pero te empeñaste en lanzar a la hoguera todo aquello que nos perteneció. Ahora marco el ritmo de esos versos al son de unos ojos que me han devuelto la vida, la ilusión. Y la luz. No sé que pasará mañana, pero me siento cómodo. Mañana, tal vez, Valencia arda como en plenas fallas. Cospedal será la número dos del PP, Arenas el mandamás territorial, Pons el artillero oficial... Un partido para el futuro. Lavado de imagen, pero con grietas, muchas grietas. Y mientras, Esperanza Aguirre al acecho. Gallardón, al que todos vemos como presidente de Gobierno en el futuro (todos menos él), ya no ve luces en la ciudad. Ve como se le pasa otra oportunidad, otra estación. Yo le recetaría tus ojos, que son la luz, para que le mostrasen el camino, que llegará. Quizá no aquí en Valencia. Quizá no en 2011. Pero llegará. Como llegó el AVE a Valladolid, una ciudad que, cada tanto, te empeñas en alumbrar con tu dulce mirada. Aquella noche, mientras reías, quise detener el tiempo. La luna estaba llena y, aquí abajo, sin pensar en esa delgada línea que separa la vida y la muerte, tu y yo, riendo, relatando anécdotas... y yo preguntándome donde estabas hasta ahora. Te escondías en la oscuridad de una ciudad en obras (siempre tan vinculada a ellas), pero no advertías que tus ojos alumbraban las calles. Y mi vida. De camino a casa, caminando bajo las estrellas, pensé en el partido del domingo. De si se repetirá la historia y los italianos volverán a apearnos del camino hacia el éxito. De si podré ver el partido contigo (tu luz nos llevaría a la victoria, estoy seguro). De Tassoti y aquel codazo a Luis Enrique; de aquel gol imposible de Baggio; del fallo de Salinas... Fue fatídico aquel año 1994. A saber donde estaríamos nosotros. De entonces sólo me quedan recuerdos. Muchos recuerdos. Todos en blanco y negro. Ahora me espera un universo lleno de colores. Es el universo de tus ojos.